diumenge, 28 d’agost de 2016

Ax-les-Thermes , Col du Pradel, Col de Pailheres por Mijanès

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El pasado año ya hicimos una primera incursión con la flaca en los Pirineos franceses para subir el emblemático Tourmalet. Este año había quien deseaba ir a los Alpes, pero finalmente decidimos que los Pirineos tienen mucho juego y quedan más cerca de casa, con lo que Manolo se puso en busca de una ruta digna a nuestras escasas piernas y a la belleza de un puerto algo exigente.

La decisión fue salir de Ax-les-Thermes subir el Col du Pradel e ir a buscar más adelante la subida dura del Col de Pailheres. Y aunque el día empezó algo fresco y con alguna nube, pronto se despejó y apareció el verano a pleno rendimiento.

Solo salir de Ax-les-Thermes empieza la subida, suave y muy llevadera en 5 kilómetros hasta encontrar un desvío al puerto de Pradel, son solo 7 Km, no son muchos, pero el puerto tiene sus dificultades, la primera dificultad es el asfalto roto, casi grava, el siguiente son las pocas y cortas zonas con el 12 y 14% de desnivel, que para globeros como nosotros nos quedan algo justas.

Coronamos todos sin problemas y empezamos una larga bajada, primero por el mismo tipo de asfalto, repleto de grava peligrosa por resbaladiza y luego por un interminable y agradable falso llano en bajada pasando por los pueblos más cutres de Francia en un valle olvidado hasta encontrar un poco de civilización y tomar una carretera algo más transitada donde empieza otro largo falso llano pero esta vez de subida.

La grupeta, formada por Norris, Manolo, Carles, Víctor, Marc y Racing, avanza a ritmo alegre, con las piernas aún intactas, pero el falso llano no termina nunca, nos paramos en un semáforo y nos damos cuenta que la rueda trasera de Norris tiene un bulto, desmontamos pero nos damos cuenta que es la cubierta que está en mal estado, seguimos aunque temiendo lo peor y aunque todo el mundo va concentrado en el pedaleo el esfuerzo empieza a pasar factura y al ver una gasolinera abierta, cerca de Usson,  todo el mundo se lanza a por algo de bebida.

Allí vemos que el neumático de Norris está en las últimas, se ha acabado de romper, deshilachado, y la cámara ya empieza a asomarse con lo que en este estado no hay forma de continuar. Hacemos planes para terminar la ruta y volver a recogerlo en un coche, nos hidratamos hasta que el dueño de la gasolinera aparece con un neumático, ha revuelto el almacén hasta que ha dado con un Michelin de la Segunda Guerra Mundial, por lo menos, pero que bien servirá para terminar la ruta.

Pocos kilómetros después, con el sol de mediodía a pleno pulmón, empezamos la subida de 15 Km del Col de Pailheres, sabíamos que era duro, pero no cuánto. Una subida  que varía entre el 7% en pocos tramos y un 9% en su mayoría constante y sin descansos. Cada uno toma su ritmo en función de sus piernas y aunque Manolo y Marc van sobrados el resto debemos centrarnos en cada metro de carretera, con sus curvas en herradura y sus largas rectas en empinada subida.

Todos vamos avanzando, cumpliendo aquello que veníamos a hacer, pedalear para vencer a un coloso HC (Fuera de categoría) del Tour de Francia, a excepción de Norris, que una vez más se deja vencer por el lado maléfico que tiene este tipo de retos, y acaba bajándose de la bici para caminar buena parte del recorrido.

Arriba lo esperamos todos, junto a una manada de caballos que no nos dejan tranquilos, para inmortalizar con fotos el estado patético en el cual llega Norris.
Norris, en un estado lamentable coronando el Coll de Pailheres

Por suerte, el resto de la ruta es todo en bajada, una delicia que solo ensucia en parte el mal estado del asfalto en una parte del trayecto que provocan que mi sillín se acabe por soltar, por suerte paro a tiempo y con un apretón de tuercas se resuelve.

Salieron solo 110 Km con 2.500 metros de desnivel positivo con una velocidad media para reírse, pero fue un placer volver a subir uno de estos colosos con casi 1.500 metros de desnivel ganados de una tacada.

Todos estamos más o menos acostumbrados a la bici de carretera, pero hay que resaltar que Víctor era su primera experiencia en este tipo de ciclismo, tras solo un pequeño bautizo hace unas semanas, y lo hizo sin desfallecer, eso sí, se tomó nosecuantos geles por si acaso.

En la gasolinera de Usson charlamos con unos franceses con bicis cargadas de alforjas con un peso inhumano, ellos nos dijeron que la subida al Pailheres no la olvidaríamos, Norris seguro que no lo va  hacer.


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